jueves, 5 de abril de 2007

Mi Asilo en Montreal

Los amigos me preguntan què hago en Canadà. Les voy a contar. Hace una década, o tal vez màs, un tìo italiano con mucho dinero hizo inversiones en Montreal e insistentemente me llamaba para pedirme que me viniera a ayudarlo, pues realmente su hogar està en Venecia y no se mudarìa acà...
No le tomè la palabra hasta ahora, que por cierto cambiò de negocio, pues es justo cuando coinciden las necesidades y motivaciones entre ambas partes. En diciembre acordamos que vendrìa durante el primer trimestre del 2007 y que desde entonces estudiarìa francès para entenderme con los residentes de Les Jardins de L`Aubade, que es una residencia para adultos autònomos, como les dicen acà a los mayorcitos que aùn gozan de buena salud, y para quienes voy a coordinar el programa de actividades recreativas para el alma y el cuerpo...
Recuerdo haberle preguntado a mi tìo de cuàntas personas estàbamos hablando. Me dijo que eran alrededor de 150, en su mayorìa matrimonios. Me dijo ademàs que la edad de estos adultos oscilaba entre 65 y 70 anos, y que todos estaban bastante bien, pero les cuento que me encontrè con un grupo, efectivamente, de alrededor de 150 personas, pero muy pocas parejas, si acaso 15, unos 20 caballeros y poco màs de cien damas, que juntos alcanzarìan fàcilmente la edad de Matusalèn, pues el màs jovencito pasò los 70 hace mucho rato...


Cada fin de mes se celebran los aniversarios en la residencia

Algo màs que me llamò la atenciòn es el nombre de la residencia, pues la palabra Aubade, aunque no tiene una traducciòn exacta, significa algo asì como Alba. Para algunos, el lugar màs bien deberìa llamarse Los Jardines del Atardecer en lugar de Los Jardines del Alba...
Los primeros dìas me preguntè muchas veces què hacìa yo acà, pues no entendìa nada, ni siquiera este francès que difiere mucho del de La France y parece màs bien un dialecto. Es cierto que se trata de un lugar elegante donde los apartamentos tienen todas las comodidades y hasta un balcòn particular con vista al exterior, ademàs hay peluquerìa, farmacia, capilla, salones comunitarios, pantalla de cine y restaurant, entre otros. Es como vivir en un hotel de varias estrellas, todo un lujo que los residentes pueden pagar porque en Canadà, el que trabaja tiene una seguridad social que da para cubrir los gastos de la vejez y hasta morir con dignidad...
Durante varias semanas antes de viajar a Montreal, me dediquè a investigar què tipo de actividades recreativas podrìa implementar, pensando en un grupo de personas cuyo perfil no es el que encontrè acà. Pensè en salidas a los parques tipo Picnic, en bailoterapias, en concursos de fotografìa, en la creaciòn de un huerto y hasta en subir cerros durante salidas de exploraciòn ecològica. Ilusiones, pero què le vamos a hacer?...
Muchas cosas tengo que repensar ahora, pues en primer lugar el clima no ayuda. Ya estamos en abril y por acà aùn cae nieve. Hace mucho frìo. Ademàs, el perfil del objetivo nada tiene que ver con la idea que me habìa planteado mi tìo. Sin embargo, estas personas estàn vivas, tienen un largo camino recorrido, una historia, vivencias y experiencias, ademàs de sentimientos, emociones e inquietudes, y por eso, vale la pena darles una mano en esa difìcil etapa del camino, donde independientemente de còmo les haya tratado la vida hasta ahora, se aferran a èsta porque es lo ùnico que conocen, y al igual que muchos de nosotros, tienen miedo de morir...
Esta manana, cuando bajè al restaurant, leì un obituario donde se notificaba el fallecimiento de Monsieur Armand Tarboullier. Era uno de nuestros residentes. Estaba enfermo y muriò en el hospital. Que su alma descanse en paz... Comentando el asunto con la directora de estos jardines, me dijo que el ano pasado "perdieron" 3 matrimonios, uno detràs del otro. En los tres casos, la pareja morìa de tristeza màximo un par de semanas despuès del fallecimiento del cònyuge. Tambièn me contò que acà la directiva està autorizada a entrar en los apartamentos cuando algùn residente no se deja ver en un par de dìas, o no responde el telèfono o el timbre de la puerta. Puedes apostar -me dijo- que està muerto. Nos ha pasado muchas veces...

Pero la vida continùa y hay que disfrutarla...
Ustedes pensaràn que si los primeros dìas me preguntaba què hacìa acà, ahora deberìa salir corriendo. Sin embargo, les cuento que entendì que lleguè a este lugar porque definitivamente tengo una misiòn que cumplir, y probablemente sea aprender màs de la vida a travès de estas personas que ya estàn sobre lo que podrìamos llamar una "regalìa", por aquello de la edad. Hoy voy a cerrar este capìtulo comentàndoles que en apenas pocos dìas ya sè que hay muchas cosas sencillitas que motivan fàcilmente a estos personajes, especialmente a aquellos que estàn absolutamente solos en este planeta en lo que a familia se refiere, y èstos son un saludo por su nombre, lo que aùn a mì me cuesta mucho porque no los puedo ni memorizar ni pronunciar correctamente; una sonrisa, un gesto amable, un Bon Jour o un Bon Apetite...
Y lo mejor es que esto pareciera estar funcionando como una especie de boomerang, pues durante esta pràctica de hacer lo mejor para colocar y mantener una sonrisa o una expresiòn afable en tantos rostros ajenos, el mìo propio se ha contagiado y ahora resulta que son ellos quienes me dicen que lo que màs les gusta de mì es la sonrisa...
Que viva la vida!

6 comentarios:

Nelson Prato Barbosa dijo...

Hola Adrina:

Te felicito por tu blog. Es un buen medio de comunicación sobre todo para gente que ha migrado como es tu caso. Me parece muy interesante tu nuevo oficio, que espero sea de mucho éxito. Por cierto que me has recordado una de las novelas de Isabel Allende, cuya protagonista trabaja en un asilo de ancianos. Me imagino que la habras leido. No recuerdo su nombre, pero es muy buena. Bueno, que el frio se acabe rápido y puedas hacer tus recorridos con tu nueva "comunidad". estaremos en contacto.

Nelson Prato Barbosa

Anónimo dijo...

Adriana querida,

Me encantó tu blog!
Es una persona tan especial. Me gustaría mucho verla novamente.
Besos brasileños,
Alessandra

PACO dijo...

Hola Adriana
saludos desde Valencia, pero la de España.
me alegro que todo te este yendo bien.
un beso e ire poniendo algun comentario de cuando en cuando

paco

Anónimo dijo...

Adriana: Estupendo resumen de una experiencia muy, diría, distante!, uhhh! para nosotros en Ciudad Guayana, donde la juventud merodea en cada esquina. Pero a la vez nos hace reflexionar pues el tiempo pasa tan rápido que a la vuelta de unos años ojala tengamos oportunidades de compartir como esas personas mayores con quienes estas trabajando.

Recuerdo en Valencia un ancianato y dista de la descripción que nos hiciste. Ciertamente los recursos económicos dificultan las labores de esas monjas.

Estamos pendientes, Saludos
Gabriel

Alfredo dijo...

Hola Adriana,
Tantas cosas que decirte después de haberte leído que no sé por donde empezar. Será que me transporté hasta Montreal y te estuve acompañando en un recorrido por La isla del Alba?? Tiene que ser el Alba y no el atardecer porque en esa edad del adulto autónomo se comienza una nueva vida, el alba, y NO ES un atardecer. Que lo que más le gusta es tu sonrisa? por supuesto, a mi también: si te sonries con los ojos, la boca y la piel.
amiga de lo mejor de sia esa gente que ellos están plenos y ansiosos de dar el resto de lo que le queda antes de partir a una nueva vida.
Te quiere mucho. Alfredo.

Anónimo dijo...

Aparentemente has encontrado tu Dharma, lo cual me alegra tanto!!

Mi querida amiga, tu sonrisa es como la punta del iceberg de la maravilla de ser humano que eres tu. Estoy segura de que será una bellísima experiencia para quienes te rodean y para ti!

Un gran beso:

Glendys