Hola a todos mis amigos,
un saludo grandote desde Montreal…
Y como dice el dicho, No Estaba Muerta, Estaba de Parranda, algo asì como desaparecida en acciòn. Bueno, de verdad estuve ausente por tres semanas en contra de mi voluntad, pues mi tìo, el dueño de este negocio, vino de Italia y no me diò tregua, pero acà estamos de regreso, lista para echarles un Cuento de Camino…
La protagonista del cuento no es ninguna de estas damas. Éste es parte del grupo que se anima a caminar en el parque...
De todas las cosas que he vivido esta semana, reportarè algunas en los pròximos dìas, pero retomo mi Blog contàndoles lo que me ocurriò el fin de semana. Como saben, estoy en una residencia que se llama Les Jardins de L`Aubade, algo asì como Los Jardines del Alba, donde los viejitos alquilan un apartamento para vivir felices cual perdices, pues ademàs de tener todos los servicios como Restaurant, Salòn de Belleza, Farmacia, Salòn de Billar, una Capilla donde hay Misa los domingos, pero se convierte en Cine los viernes en la noche, tienen atenciòn mèdica para control semanal y servicio de enfermerìa las 24 horas del dìa. Pues resulta que la chica que hace de enfermera los fines de semana tuvo un problema y no pudo venir, asì que enseguida se contratò el servicio de esta gente que trabaja a destajo. Excelente!, eso siempre funciona.
Para mì fue una sorpresa bajar a la Recepciòn y ver a una persona diferente, que dicho sea de paso no entiende nada de Inglès, asì pues que tuve que practicar mi francès « a juro ». Ni malo fue, por supuesto, pues les cuento que entre otras cosas, ya comencè mis clases de lunes a viernes, de 2 a 6 de la tarde, y esto me permite practicar la lengua.
Bien, y despuès de terminar los oficios de la casa, pues acà tengo mi apartamentico que necesita un cariñito de cuando en cuando, bajè a la Recepciòn para encontrarme con un rostro desconocido, el de la enfermera, que de paso, luego de preguntarme quièn soy, me explicò que una señora para ella desconocida acababa de traer a otra señora, desconocida para mì, que se supone vive acà. La verdad debo reconocer que aunque ya tengo mes y medio en este lugar, aùn hay personas que pasan desapercibidas, pues como en el caso de esta Madame, hay quienes casi nunca asoman las narices, aunque probablemente lo haràn ahora que el clima comienza a mejorar. Hoy, por ejemplo, tuvimos 11 grados, una maravilla tomando en cuenta que nevò hasta el mes de abril.
Bien, y justo cuando llego a Recpeciòn, la Madame comienza a decir que ella se va a su casa, que se va y punto. La enfermera me dice que va a llamar a los familiares, pero que por favor no la deje ir. Hice todo lo que pude, pero finalmente la Madame cogiò calle, y yo tras ella. Me la trencè de un brazo y le pedì que regresàramos, que hacìa mucho frìo y que de cualquier manera yo no tenìa dinero encima para pagar el bus o un taxi para ir con ella a su casa, siguièndole la corriente, pues insistìa que su casa no era èsta sino otra que ni idea tengo dònde es. Ah, y todo esto en francès. Què molleja, dirìan los maracuchos!.
Diciendo que tenìa mucho frìo, que se sentìa « a morir », tratò muchas veces de zafarse de mì. Me pedìa que regresara yo sola, pues ella tenìa que ir a su casa donde sus padres la esperaban para cenar. Ahora sì que se montò la gata en la batea, pensè. Hasta el momento tuve mis dudas sobre la salud de la Madame, pero cuando me hablò de sus padres, entonces sì que me di cuenta que estaba perdida, pues ella solita debe estar cerca de los 90 o cuidado si no màs.
Ya bien alejadas de Les Jardins de L`Abaude, y volteando aterrada cada segundo a ver si alguien venìa a rescatarnos, vi a un chico hablando por celular. Sin soltar a la Madame le preguntè si hablaba Inglès, me contestò que sì, y le pedì que llamara a la Residencia. Supuestamente lo hizo, pero ique no le respondiò nadie. Imposible, pensè.
En un descuido, la viejita se me soltò y entrò al Automercado de la esquina. Perfecto, pensè. La tengo!. Entrè al Automercado, me cerciorè que estaba allì y me fui a la oficina para explicar la situaciòn y pedir un telèfono prestado. Para facilitar las cosas, le expliquè a la chica del Automercado lo que ocurrìa y le pedì que hablara ella con la enfermera, pues por telèfono es màs difìcil hacerse entender en una lengua que no se domina. Hablaron. El mensaje de la enfermera fue que regresara con la Madame porque nadie podìa venir por nosotras, y que tuviera mucho cuidado porque la viejita sufre Alzheimer y probablemente ni se acuerde quièn es.
Si hubiera sido por mì, agarro a la viejita malcriada, le doy una nalgada y la llevo a rastras a la residencia, pues de verdad que le inventè mil historias para que regresara conmigo por las buenas, pero de sòlo pensar que podìa hacerle daño en el brazo o que le diera un patatù por forzarla, preferì seguir el consejo de la gente del Automercado, que para ese momento eran ya 4 personas en la oficina, quienes me recomendaron que regresara sola y que la dejara de su cuenta, pues bien podìa meterme en tremendo lìo legal si venìa la policìa y ella les decìa que no me conocìa, lo cual era cierto. Ah, para colmo la gente del Automercado tampoco podìa prohibirle la salida. Si querìa irse, que se fuera.
Pidièndole a Dios que la protegiera, me devorè las calles para regresar a casa y comunicarme por telèfono con la Directora de este lugar, quien me ratificò que la viejta tiene Alzheimer, que siempre habla de sus padres como si estuvieran vivos, que ademàs constantemente niega que viva acà, pero que ella està total y absolutamente autorizada por sus familiares a salir cada vez que quiera, y que de cualquier modo nosotros no somos responsables de lo que le pueda ocurrir en la calle, porque ésta es una residencia para "adultos autònomos".
Ah, ademàs me asegurò que ella regresarìa pronto, como acostumbra.
Y de hecho, asì fue. Gracias a Dios, sana y salva…
Entre la juventud y la vejez... Todo tiene su encanto