MÀS TARDE, ESE MISMO DÌA...
(por lo que les invito a leer la entrada anterior)
Bueno, y luego de la confusiòn con la viejita que se me zafò, se me ocurriò organizar un zarao para la noche, asì que peguè en los ascensores una invitaciòn a escuchar mùsica bailable a partir de las 6:30 de la tarde, en la Sala Comunitaria.
Pensando en eso, e inspirada en una fiestecita que tuvimos con mùsica en vivo la semana pasada, dìas atràs compré un CD de mùsica quebecois y otro especial para Danse en Ligne, cosa que a mis viejitos les encanta. A mì, particularmente, me horroriza eso de bailar todos igualitos, uno al lado del otro o uno detràs del otro tipo coreografìa, pues a mì el cuerpo se me mueve solito como le da la gana, pero definitivamente a ellos les encanta, y como acà se trata de complacerlos, pues eso hacemos.
Poco antes de la hora prevista ya habìa gente en la sala. Ahora que comienza a mejorar el clima, muchos salen, pero otros tantos quedan en casita. Ademàs de la mùsica, llevè galletitas, una jarra de agua frìa y otra de un vino tinto bien bueno que prepara mi tìo cuando viene de Italia. Eso para quienes prefieren bebidas espituosas.
Y comenzò la fiesta!. Doce damas, contàndome a mì, y cuatro caballeros. Poca gente porque fue a ùltima hora. Ademàs, acà hay gente para todo, un grupito para dansar, otro para caminar en el parque, otro para jugar Bingo, otro para mis clases de Informàtica... se las imaginan?. Un ejemplo: que si yo necesito un tablero de ajedrez digital para jugar con el ordenador, pero de èsos grandotes, full pantalla, para poderlo ver bien. En fin... pero còmo me lo disfruto!
Total que mis chicos se emocionaron y buscaron màs mùsica a medida que transcurrìa la velada. Para compensar el déficit de caballeros nada mejor que la Danse en Ligne, aunque para los bailes en parejas, pues chica con chica y punto. No hay nada màs que hacer.
Les cuento esta historia porque resulta que en el picoteo tuve otra propuesta interesante, pero esta vez para viajar a Europa, qué les parece?, nada màs y nada menos que con el viejito màs viejo de la fiesta, quien de paso no vive acà sino en una residencia especial para gente con Alzheimer. Él solito tiene 83 años, la edad promedio acà, y còmo baila, bueno, en la medida de sus posibilidades, claro.
Desde que comenzò el zarao fui su objetivo, indudablemente. No querìa bailar en ligne, sòlo boleritos y conmigo, y el Alzheimer al carrizo, porque a mì nadie me convece de que el Monsieur no recuerda qué es eso de bajar la mano con disimulo para dejarla caer inocentemente sobre "mis posaderas". Lo malo no fue eso, pues de cualquier modo lo entiendo como pataditas de ahogado. Lo malo fue que a ratos venìa directo a mi siempre delicado olfato, un aroma nada agradable de aquellos que recuerdan la necesidad de cambiar con la urgencia del caso un pañal desechable de los que se usan para prevenir desastres mayores a la hora de la incontingencia, porque hace rato que no se cambia. Tal vez allì el Alzheimer sì tiene algo que ver.
Humm, pero el asunto es otro. Este Monsieur comparte con nosotros de cuando en cuando, pues él antes vivìa acà y dejò una novia en esta residencia, una viejita lindìsima y muy alegre que lo va a buscar en taxi para comer con él acà y luego lo regresa también en taxi. Supuestamente él debiò mudarse a consecuencia de su Alzheimer. Al menos, eso me dijeron.
Lo cierto es que entre todas las cosas yo estaba algo preocupada, pues no querìa que la Madame se me fuera a poner brava porque su viejito me estaba "cayendo", lo que era tan obvio que al dìa siguiente, durante la hora del almuerzo, otra viejita de estas bien chismosas que nunca faltan, me preguntò si era cierto que el fulanito estuvo detràs de mì toda la noche. Oh, mon Dieu!.
Al fin de cuentas, y sacando concluisones, creo que el viejito hasta me invitò a Europa para darle celos a la novia, pues luego me enteré que ella, ìnclusive antes de que él se mudara, le montò los cuernos. Ya les cuento la historia…
Cada uno tenìa acà su apartamento y a diario se reunìan a las 9 :30 am para tomar desayuno en el Restaurante. Una mañana ella no bajò, asì que èl muy preocupado la llamò por telèfono varias veces, pero ella no respondiò. Èl, màs preocupado aùn, le pidiò a la enfermera que fuera al apartamento a ver si ella se encontraba bien, y como acà hay autorizaciòn de abrir la puerta si la persona no responde, por eso de que pueda tratarse de fallecimientos por vejez, la «préposé» abriò la puerta y encontrò a la Madame felizmente dormidita en su lecho tal cual Dios la trajo al mundo, con el telèfono descolgado aparentemente a propòsito porque sabìa que el novio la llamarìa, pero muy bien acompañada por otro chico también mayorcito que no vivìa acà.
Sin molestarla, la «préposé», que apenas estaba comenzando a trabajar acà ese dìa, cerrò la puerta y buscò al viejito para decirle que se quedara tranquilo, que la Madame estaba bien y que sòlo dormìa con su novio.
Pero què dice?, pero si su novio soy yo. Oh, no, no lo puedo creer. Fin de mundo!, por qué me ha hecho esto a mì?, y yo que la quiero tanto!…
Desde entonces siguen juntos, pero a pesar de su Alzheimer, èl parece que no olvida que ella le puso los cuernos.
C`est la vie!
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